Tiempo después, tomamos la decisión de salir de Bogotá. Sin embargo, al informarles a los familiares, las relaciones afectuosas se enfriaron drásticamente. Les íbamos a dejar las propiedades solas, y ellos se verían obligados a regresar a la ciudad que habían abandonado. Su molestia fue evidente, y llegaron a negarnos cualquier documento que demostrara nuestro peligro, impidiendo que pudiéramos solicitar asilo en otro país. Este rechazo fue especialmente doloroso, considerando que los tíos de mi hijo habían logrado mudarse a una zona segura fuera de la capital.
Desde entonces, hemos tenido que cambiar de vivienda varias veces, buscando un lugar seguro donde empezar de nuevo. Después de varias mudanzas, finalmente llegamos a este lugar escondido entre las montañas. Aquí estamos cerca de nuestra pequeña red de apoyo y en una zona relativamente segura donde podemos pasar desapercibidos. La familia del padre de mi hijo ignora nuestra ubicación, y es mejor así.
Estamos aquí, en este territorio, y significa todo para nosotros. Significa ser invisibles, libres de la constante amenaza. No despertamos en las noches pensando que los ruidos son sicarios que vienen por nosotros. Podemos cerrar los ojos y dormir tranquilos, sabiendo que nuestro lugar es seguro.
Estamos reconstruyendo la tranquilidad, la vida, los planes a futuro y la confianza en quienes nos rodean. Nadie sabe lo importante que es sentir que su lugar es un hogar, hasta que lo pierdes. Entonces entiendes la importancia de la seguridad en las cuatro paredes que habitas. Es un privilegio poder abrir la puerta y caminar hasta la esquina sin sentirte perseguido. El aire llena tus pulmones, y la naturaleza te rodea.
Estamos cerca de la tierra, del campesino, del bosque de niebla. Estamos rodeados de personas tranquilas, con ese olor a verde, el sonido de la naturaleza, las tormentas eléctricas. Aunque llueve casi todos los días, se va la luz frecuentemente y la señal de internet es mala, eso es lo de menos. Lo más importante es que ellos no saben dónde estamos. Estamos tan cerca pero tan lejos que no podrán encontrarnos. Estamos ocultos a simple vista.
Este territorio es nuestra estación para tomar fuerzas y seguir adelante. Aún tenemos unos años antes de que “Él” salga de la cárcel e inicie de nuevo la cacería. Para quien no lo sepa, un psicópata nunca se detiene y no tiene arreglo. La única opción es huir, correr, alejarse y, sobre todo, mantener contacto cero con todas las personas que tengan que ver con él.
Por ahora, el sonido de la lluvia es un sedante, la pastilla para dormir, y el olor de la naturaleza es un tranquilizante para mi sistema en alerta que ya no se desconecta. La vida sigue otro ritmo, va con el sol y la lluvia, y las personas aún saben cuándo el aguacero es inminente, conocen de siembra y de remedios caseros. Es un lugar donde sería posible quedarnos mientras la tormenta regresa.
Referencia:
Fiscalía General de la Nación - Colombia- Asegurado por homicidio de su propio hermano https://www.fiscalia.gov.co/colombia/seccionales/asegurado-por-homicidio-de-su-propio-hermano/
| Publicación en el diario Q´hubo | ||
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