Manual para un duelo 🔥


No solo hacemos duelo por aquellos que fallecen. También hacemos duelos por todo aquel que perdemos o ha decidido irse. Y no por ello es más fácil. Incluso deberíamos hacer duelo cuando perdemos cosas que son de gran  importancia y significado para nosotros.

El último año fue muy difícil, tuve muchas perdidas incluyendo a mi gato y creo que a estas alturas ya puedo escribir un manual para sobrellevar el dolor de la perdida o de las ausencias. Podría hacerla como una lista que dice:

En caso de duelo, tener en cuenta los siguientes puntos.

Rabia: Deje que arda Roma. 🔥

 En mi caso es lo primero que aparece al ver que en definitiva las cosas no salen como uno quiere o como se supone que deberían. En lo personal, lo más sencillo es ponerle leña al fuego y dejarlo que crezca todo lo que pueda y luego dejar que se extinga junto con todo lo demás. En pocas palabras.... dejar que arda Roma y luego ver que quedo entre las cenizas. Lo que sea que quede, seguro habrá quedado purificado.

Por esta razón suelo alejarme cuando estoy muy molesta, necesito mi espacio para hacer crecer la llama y no quemar a nadie que no se lo merezca en el proceso. Pero necesito arder hasta que se consuma y pueda volver todo a la calma y a su sitio.

Impotencia: Evite decir “Todo pasa por una razón” o “Dios sabe lo que hace”.

Viene de la mano con la rabia, el darnos cuenta de que no todo esta en nuestras manos, de que no podemos hacer que todo salga como queremos y aunque a veces hay perdidas justificables... las absurdas son las que sin lugar a duda, mas sentimientos intensos producen. Aquí aparece la negación, la incapacidad de dejar ir y de mantener todo en su lugar a toda costa. Muchas veces uno se queda aquí pegado, sin poder avanzar y dándole vueltas al asunto una y otra vez. Y creanme cuando les digo que esas frases anteriormente mencionadas son las que empeoran la situación.

Tristeza: Al final llega el diluvio 

Cuando finalmente se sale del proceso anterior, llega la tristeza. Ella puede asomarse poco a poco o venirse encima como una tormenta de nieve, como un derrumbe en la montaña, y cuando eso pasa no queda de otra sino llorar hasta que los ojos ardan y no se pueda ver nada entre tanta lagrima, llorar hasta que el aliento nos abandone, llorar hasta que no salga ni una lagrima más, llorar hasta que quedemos secos... Y luego salir a la ventana pues cuando es tanta la tristeza, el cielo llora por nosotros. Es allí donde hay que dejarse mojar y sentarse a ver llover hasta que la oscuridad lo inunde todo. Yo dejo que todo se derrumbe, dejo que todo pierda sentido, me dejo morir en cada duelo y entierro una parte de mi cada vez. Me quedo allí hasta que el silencio se apodere del mundo externo e interno y el agotamiento me ayude finalmente a descansar.

A partir de allí se trata solo de aguante, de levantarse todos los días pese a lo denso del corazón, de la respiración, incluso de la circulación dentro del cuerpo. Se trata de no pensar y seguir con las rutinas que ayudan a que los días pasen uno tras otro. E insistir en no pensar porque el fuego puede volverse a encender y si arde hay que dejar que la lluvia y el llanto lo apaguen y sinceramente es muy desgastante.

Puedo ver cada una de las tumbas donde hay un despacito de mi. Hay pedazos que han quedado allí, muertos y enterrados en cada ocasión que perdí a alguien, que alguien se fue, que alguien murió. Voy diseccionando mi corazón en cada despedida ya que si algún día la perdida dejara de importarme, entonces ese día dejaría de ser la que soy. No puedo solo dejar ir, yo muero con cada partida, aunque al día siguiente me levante y continúe.

La verdad es que mis fragmentos están por doquier, como un rompecabezas al que le han perdido muchas piezas.



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