Llevan varios días en los que el mundo se guardó para minimizar la amenaza. Y para mi han sido como cualquier otro día. Por la vida que tuve que llevar y luego por las desiciones que tome siendo adulta, aprendí a vivir conmigo misma, aprendí a estar sola. Y a veces estando conmigo misma es cuando más rápido se va el tiempo. No necesito nada del exterior y por el proceso de desprendimiento que viví el año pasado, no necesito nada excepto paz y tranquilidad. Las cosas materiales y las posesiones pasaron a vivir al sótano del olvido. Son importantes los momentos vividos con mi hijo o con aquellos a quienes quiero. Cuanto puede cambiar nuestra vida al escuchar la voz del que amamos, todo cambia de color y el Mundo sencillamente se convierte en algo totalmente nuevo.
Tuve que moverme de mi pequeño refugio a un nuevo lugar. Estamos con mi hijo quien pasa los días entre sus actividades académicas y sus juegos en línea. Ambos hemos aprendido a estar juntos en el silencio y cada uno con sus asuntos. Nos acompañamos a nuestra manera. Y así transcurren nuestros días.
Me siento en el sofá que da a la ventana hacia la calle y está solitaria la ciudad. Me gusta pensar en el alivio de la naturaleza al no tenernos agrediéndola con nuestro estilo de vida. Ojalá las personas entendieran que entre todo lo que tienen en sus casas, lo valioso y al final lo que nos queda es el amor mismo. Armarios llenos de prendas que al final están solo ocupando espacio. Objetos llenando espacio para saber que su verdadero significado no esta en ellos sino en las memorias de las personas amadas. Que nos hace falta para entender que podemos vivir unicamente con lo que necesitamos? Con aquello que realmente es indispensable en el día a día? Estamos tan apegados a las cosas materiales que solo cubren nuestras heridas y vacíos. Pero al final, nada de eso nos salvará de nuestras propias soledades. Cuando lo perdemos todo, perdemos la seguridad y quedamos indefensos, entonces volvemos a nosotros mismos.
Al salir se siente tanta paz. Puedo salir solo una vez a la semana hasta la Clínica Country y en el transporte nadie habla. Hay un silencio total. Mi maleta junto con todos los llaveros son los que mas suenan al caminar en la calle. Las aves se escuchan fuerte y parece la hora de la madrugada en el que el mundo comienza a despertar pero se mantiene así todo el resto del día. Se puede respirar, sin tener que ahogar el ruido del Mundo con mis audífonos.
Y si, la economía se ve afectada, pero hay que encontrar la manera de vivir sin hacer más daño. Hay maneras y espero que esta situación desesperada nos lleve como humanidad a encontrar nuevas formas de hacer las cosas. Esa necesidad de consumo nos esta enterrando.
Debemos conectarnos... reconectarnos. Escuchar el silencio y el nuestro. Escuchar el viento entre las hojas, recorriendo las esquinas, introduciéndose en los espacios de las ventanas. Escuchar la naturaleza, la vida misma y así reconectarnos con ella.
Escuchar tu voz siempre hará que el Mundo se mueva de su eje. Siempre me devolverá la fe. Siempre me conectará con el Universo y todas nuestras vidas juntos. Aunque separados bien sabes que todo mi ser está a tu lado, como siempre y desde siempre.
Nos encontraremos de nuevo sin importar cuantos estén en medio impidiéndolo. No puedo culparlos. No lo entienden. Esas personas solo hablan el idioma del Mundo. No pueden ver ni entender de que estamos hechos los dos. Pero aquí estamos, juntos en esta Vida de nuevo y nos encontramos y seguiremos encontrándonos sin hipocresías ni falsas apariencias, sin sonrisas y afectos de mentiras. No necesitamos mentirle al Mundo para saber quienes somos en realidad.
