El Señor del Ártico 🐳


Finalmente me ha dado alcance. He huido muchos años y en varias lo sentí respirar cerca a mi oído. Su presencia helada y sus dedos como témpanos rozaban mi piel dejando saber lo cerca que estaba, dejando saber que me esperaría y que estaba seguro que en algún momento mi fortaleza se terminaría.

Batallé contra el abandono, batallé contra las penas y tristezas, batallé contra el frío pero pese a todo ello, finalmente caí.

Lo sentí envolverme, me arrodillé y permití que mi propia oscuridad le diera paso. Quizás entró  antes, quizás no. Pero si se que esa semana y ese día, la oscuridad me envolvió. Me alejé para proteger a los míos de mi propia oscuridad, la sentí llenar mi habitación, me quitó los sentidos por unos momentos y llenó el enorme espacio vacío que se abrió ante mis pies. Si no fue el momento en que entró, fue el momento en el que yo me arrodillé y lo acepté. Desde ese instante escucho en boca de los demás acerca de los designios del destino o de como Dios tiene otro camino.

Yo solo veo un camino que recorrí lento, pausado, permitiendo que todo me condujera a donde yo deseaba llegar. Las personas que necesitaba, llegaron en su momento, todas mis cosas encontraron dueño, dueños que no llamé, solo llegaron. Puertas se abrieron con mucha facilidad cuando para otros simplemente están cerradas, pero no para mí. Y no puedo simplemente aceptar que el Universo actúe a través de personas que han causado tanto daño, que lo hicieron de manera intencional, consiguiendo finalmente lo que querían.

Tuve suficiente en dos días para saber a quienes tenía a mi alrededor. Y así pude ver y analizar como mantenemos nuestras relaciones. Como les damos prioridad a unos, a veces ausentes y a veces presentes. Como todos nos han fallado y como a todos les hemos fallado. Como culpamos a los demás de nuestros silencios como si ellos tuvieran la obligación de adivinar. Y por esos silencios al final estamos irremediablemente solos.

No caí en los pantanos de la tristeza, no caí en el Rojo Mundo, pese a que los hombres grises hicieron lo que tenían que hacer para conseguir su victoria. Veo a los que me rodean con sus ojos que ya no ven y sus oídos que no oyen, envueltos en un Mundo lleno de posesiones que buscan preservar o incrementar constantemente, con personas que solo son una fachada, con palabras vacías, envueltos en conversaciones vagas, pagando en ocasiones con la perdida de personas que simplemente se esfuman entre tanto olvido, con excusas tan absurdas como el mundo que habitamos y que hemos construido.

Yo caí en el punto más oscuro del Ártico. Caí en mi propia oscuridad, nacida del abandono y el olvido. Creció conmigo y poco a poco se hizo fuerte, como mi sombra, siempre detrás de mí, detrás de mis penas, detrás de mi llanto silencioso, detrás de mis propias ausencias, detrás de mis columnas y paredes de libros, de tiempos atiborrados y de una fortaleza que construí a mi alrededor.

Encontré mi oscuridad cuando derrumbe los muros y dejé ir todo aquello que cubría mi dolor, el mas profundo, aquel dolor que nunca sanó. Caí cuando yo misma arranqué la piel que me cubría las heridas y llagas que acumulé por años. Durante ese proceso seguramente entró. Fue ahí cuando en el momento más vulnerable, mi oscuridad le tendió la mano.

Ahora lo tengo sentado en mi cama, lo tengo en mis lapices y pinceles, lo tengo en la luz de la luna y el sol, tarateando suavemente, una canción sin letra, sin eco y sin color. Y si, a veces me imaginaba como podría ser ese momento. Y ahora puedo decirlo, es mucho más difícil.

Lo miro y curiosamente no siento nada, ni veo, ni oigo... no hay nada. Las esperanzas se esfumaron, los sueños huyeron, todo simplemente desapareció.

Miro bajo mis pies y solo hay tierra muerta. En el momento en el que entendí que para salvarme debía pedir ayuda y contar con aquellos para quienes soy importante y son importantes para mi, me doy cuenta de lo fácilmente que han llegado a remplazarme. Tan fácil como cambiarse de ropa, tan fácil como tomar el próximo tren, tan fácil como simplemente mirar hacia otro lado.

Después de todo esto por fin entendí porque los arboles de la UN mueren de tristeza de una pieza, no se rompen, no se pudren, solo un día cualquiera caen y sus raíces salen del suelo prácticamente enteras, como si no hubiera un suelo debajo de ellos. Es la tristeza que al final no les permite sostenerse y simplemente caen y mueren.

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