Existen ambientes que si los ves por fuera, quedas maravillado de la imagen que proyectan. No todo resulta falso. Tienen grandes aciertos, pero también tienen sótanos oscuros llenos de infamias, ira, rencor, soberbia y un manejo de poder que fácilmente lo ves proyectado en el Rojo Mundo.
Vivir en medio de un sitio así implica entrar con armadura, siempre a la defensiva. Significa aprender a identificar a las personas tóxicas con las que inicialmente te relacionas. Puede pasar que termines inmerso en su dinámica pues estas personas necesitan una constante retroalimentación y terminas perdiendo tu esencia. Te mueves con ellos, hablas su idioma aunque no sea el propio. Te mueves en su mundo. Las quejas, las críticas constantes y la manipulación son su alimento diario, puede desmontar tu esencia, todo falla menos ellos y cuando los enfrentas son víctimas, pero nunca aceptan su parte. Hablan de los otros sin siquiera preguntarles absolutamente nada, es su tema de conversación constante: los errores y defectos de los demás.
Al inicio algo nos hacía diferentes, algo nos mantenía a salvo de todo lo que sucedía alrededor. Pero algo pasó y un hoyo comenzó a abrirse. De repente ya no eramos los de antes, dejamos de escuchar pero también de hablar. Ya las voces pasaron de ser normales a ser solo susurros. Y cuando eso pasa, el silencio crece y como la nada, va consumiendo todo. Llega un momento en que esos susurros en los cuales también se está inmerso, comienzan a ser pesados, sientes como te absorben, te van contaminando y de pronto sabes que tu propia energía vital está siendo consumida. Y es en ese momento cuando comienzas a coser tu propia boca y dejar que los demás hablen solos. Te sales de esa dinámica que no aporta, que te debilita. Sabes que estas contaminada. Y es cuando te apartas pues no soportas ni siquiera tu propio hedor. Y cualquiera creería que aquí termina todo, pero no. Es justamente cuando todo inicia. Cuando te apartas lo notan y tiran de cuerdas para mantenerte allí sujeto. La palabra te amarra, te jala y eso es justamente lo que buscan.
El problema está en que desconocen los otros contextos en los que uno se mueve. Desconocen la Vida privada y personal y sinceramente es de agradecer. Desconocen la historia propia y por lo mismo desconocen los procesos, las caídas, las muertes y amaneceres. Cuando se acercan no pueden ver lo lejos que estoy de la persona que era hace 6 meses, ni un año, o 10. No saben y es lo mejor. Es mejor que caminen en esa oscuridad cuando se acercan a mí, para que así pueda yo perderlos en las murallas externas.
Quizás podría pensar que el coserse la boca, es lo mejor, pero así como el ruido, hay silencios que matan y alimentan malos entendidos. El problema viene cuando se decide hablar de nuevo ya que si no lo haces bien, te rasgas la boca con tu propia costura. En realidad no sé que es menos peor, si los silencios o las palabras que crucifican. Por los silencios fui agredida y perdí a unas personas por quienes sentía un profundo afecto y colaboró para que los conflictos y el mal ambiente creciera aún más. Si te quieres salir de eso, te despedazan, te condenan, te prenden fuego. No van a permitirlo. Lo que van a hacer es hundirte con ellos. Te mantendrán a su nivel. Su estrategia será hacer ver que allí todos son igual de ruines. Que todos son iguales. Que nadie merece algo diferente.
En medio de todo esto nos defendemos, estamos a la defensiva y los chicos se convierten en un escudo. Escucho constantemente que los chicos son la razón de ser, que sin ellos no tendría nada sentido, y he visto que así es. Pero tengo una pregunta: ¿cómo pueden unas personas hacerse cargo de chicos cuando se están defendiendo cada minuto de su propio entorno? Ahora veo otra posible razón para que los chicos se están escurriendo entre los dedos. Son nuestro escape, nuestro escondedero, la forma en que huimos a la realidad que hemos construido. Hacemos un esfuerzo por verlos pero ni siquiera nos vemos a nosotros mismos. No somos capaces de construir un ambiente pacífico para poder estar, pero si pretendemos que los chicos lo hagan. La mayoría no es capaz de coserse la boca. He aprendido que hasta el abuso puede estar plenamente justificado. Si lo está, entonces es válido. Pero, ¿en verdad es lo correcto? ¿Es lo mejor para todos? No. No es lo correcto y beneficia apenas a unos pocos. Pero esa es la dinámica, el diario vivir, la palabras son las que importan, el discurso perfecto, la amenaza, más no las acciones. A puerta cerrada la guerra sucia está viva. Todo ocurre en oficinas y corredores.
Por todo lo que ha venido pasando tomé la decisión de aislarme de esos ambientes, pero al principio no fue suficiente tan solo evitar. He tenido este año que hacerme VISIBLEMENTE solitaria. Y si, huyo cuando se trata de personas tóxicas. No hay forma de negociar, no hay forma de llegar a acuerdos pues al no aceptar lo que hacen, ¿cómo se puede solucionar?. Se que me encuentro aislada y aunque hay personas maravillosas, es mejor no dar oportunidad para que hablen de lo que no saben. Y así paso mis días. Ahora más que nunca lucho por mi propio equilibrio, por mi misma. El dejar atrás a estas personas hace parte de esa mentalidad de dejar aquello que sencillamente no necesito. Limpiar mi entorno emocional. Que precio tan alto.