Hace poco llegó un recibo de pago de la empresa de internet que tengo en casa. Venía con un cobro extra por culpa de el desorden que ellos tienen. Y cuando lo vi, mire en detalle aquello que me estaban cobrando y caí en cuenta que dentro de los cobros, tenía el servicio de 2 decodificadores para 1 solo televisor que tenía en casa. Me pareció tan absurdo y mire en realidad, cuántas horas a la semana encendía ese aparato. Conclusión: no más de 4 horas a la semana. Inmediatamente llamé a la empresa y solicité la cancelación del servicio. Y claro, me pidieron una explicación a lo que le dije a la señorita: mira, voy a regalar mi televisor y no voy a tener un en casa. No estoy usando ese servicio.
En ese momento me di cuenta también de la calidad de servicio al cliente que tienen estas empresas, comenzando por unas señoritas que literalmente no escuchan lo que el cliente le está diciendo. Su respuesta a mi explicación fue un super plan con mas canales…. Tarde más de 10 minutos haciéndole entender que lo regalaba por no usarlo. Al final cedieron y me cancelaron el plan.
Pensándolo mucho, este fue uno de los detonantes.
Venía ya con una suave sensación de querer viajar y un dia en casa me pregunté: ¿de irme a viajar por el mundo, que me llevaría? Estaba viviendo en una casa llena de libros con dos camas, cocina y baño.
Mi espacio se organiza rápidamente por ser pequeño por lo que es muy práctico. Pero aún así, comencé a sentirme ahogada.
Recibí de herencia una biblioteca muy valiosa de arte, historia y literatura universal. Y un día comunique que de no llevarlos, los regalaría a la biblioteca del colegio. Así que vino mi hermano Y Lili y se llevaron casi 6 canastas grandes de libros. Y así comencé. Muchos de mis libros ya los había regalado a la biblioteca pues aunque eran libros de consulta, la información estaba desactualizada y en realidad poco uso les daba.
Pero los libros fue solo el comienzo…
Es como cuando comienzas por lavar la Loza, luego le pasas la esponja a la estufa, luego la nevera y de pronto ya estas en otra parte arreglando algo más.
Luego comencé a reunir todas esas cositas sin oficio que te han regalado o has comprado. Esas decoraciones y pendejadas que no sirven para nada pero que son lindas. Y también los peluches. Todos terminaron en una bolsa para regalar o reciclar. Incluso matilda se fue. La muñeca que me regaló mi madre un par de años antes de morir. Sentí que por fin podía dejarla ir. Y así fue.
Cuando me di cuenta estaba con mis discos duros borrando información que no fuera realmente importante, información que jamás miraba, que nunca le di uso. Todo se eliminó y de 2 discos duros externos, quedó solo uno y no es el más grande. Con los correos electrónicos paso lo mismo. Elimine Todo lo que pude y que finalmente no usaba. Todo se fue. Y luego de todo esto me doy cuenta que no extraño nada de lo que tenía. Ni siquiera mi televisor. Ni el acuario, ni el sillón de mi papá. Esta todo cada vez más vacío y así le doy campo al Universo para que llegue a mi lo que de verdad necesito en mi vida.
Necesito caminar por los templos de Angkor, India, las obras de arte clásicas, los paisajes inolvidables. Llenarme ya no de libros, sino de tiempos vividos.
Comencé algo que no se donde terminará, solo sé que no necesitaba todo lo que tenía. Tanto apegos innecesarios, como si las cosas llenarán los espacios vacíos que llevo dentro por mis soledades.
Todos se sacudió en mi interior. Me enfrenté a mi propio vacío y me di cuenta que no era tan terrible. Ahora todo es más pacífico tanto fuera como dentro mío y siento que aún puedo dejar atras mas de las cosas que tengo en el apto.
Y si, no soy la única. Les llaman minimalistas. Son las experiencias lo que enriquecen sus vidas. Son sus seres queridos, son la posibilidad de ver otros cielos, otros amaneceres. Allí están con su discurso también ambientalista. Que bien nos haría a todos un poco de minimalismo. Dejando atrás todo aquello que pesa y no nos permite soltarnos de pasados dolorosos, de historias complicadas.
Ahora se respira un poco mejor, ahora se escucha mas el viento y la lluvia y los pantanos de la tristeza no parecen tan sombríos.
Y todo por unos libros que no estaba dispuesta a tener y una factura mal hecha.
