Cuantas ciudades no se han derrumbado, cuantas prisiones han desaparecido. No tengo presente el número, pero se que hay ruinas sobre ruinas, como viejas ciudades antiguas de las cuales encontramos restos. Una vez más siento como mi mundo se cae a pedazos pero comparada con las anteriores, soy yo quien le ha colocado explosivos.
Tomé la decisión de dejar a mi hijo con su padre. Necesitaba hacerme cargo de mi. Necesitaba darle solución a lo que tenía encima y tristemente, tenía que hacerlo sola. La ayuda que podía recibir era quedandome sola, sin personas a mi cargo que no aportaran a la solución. Y tengo claro qué esperar de Fabián. Me apena decirlo, pero hay personas que no son más que una carga para los que estamos cerca. Y eso es él. Siempre lo fue y lo sigue siendo. Fabian es un adolescente que jamás creció. Quizás entre adolescentes se entiendan más.
La decisión la tomé en mayo y puedo decir que fueron meses bastante difíciles donde no podía contener el llanto. Lloré hasta agotarme y un día, solo me levanté y decidí no llorar más. Sentí que una parte de mí se quebró ese día, incluso me pareció escucharlo. Por unos segundos solo mire el cemento y luego miré a mi hijo con la certeza de lo que tenía que hacer. Desde ese día no volví a ser la misma. He tenido que verme al espejo más que antes para poder reconocer a la que tengo en frente. Aquel por quien construí un hogar seguro, ya no está. Ese lugar pequeño y seguro cumplió su función. Nadie que no fuera invitado entró. Nadie fuera de la familia.
Hoy me doy cuenta que he ayudado a muchos a cumplir sus sueños, pero los míos siempre han estado en el último lugar. Siendo madre te olvidas de ti misma y las responsabilidades te absorben. Se intenta, si, pero lo urgente aunque quisiera, no dejaba tiempo para lo importante.
Este año pasaron muchas cosas. Siento la necesidad de romper lazos, ataduras, de quitarme peso.
Eso es… Necesito estar más liviana.
Comencé buscando la forma de organizar mi pequeño espacio, comenzaba a sentirme ahogada y pensé que quizás era la forma equivocada en que lo poco que tengo estaba organizado. Así que busqué y me encontré con una chica japonesa que parece una de esas muñecas de porcelana llamada Marie Kondo. Y creo que fué como todo comenzó. Necesitaba mentalmente organizar mi exterior una vez se fue mi hijo. Y todo comenzó por mi armario. De repente, solo tenía justo lo que necesitaba de ropa. Le siguió la biblioteca y comencé a regalar los libros a la biblioteca del colegio. Todo lo que podía servirle y yo ya sabía que no iba a leer más, se fue de la casa. Después fue el mueble y en la administración del conjunto la recibieron encantados. Y así cada rincón de mi apto ha ido quedando vacío. Me dí cuenta que no usaba sino el 10 % de lo que tenía. Y puedo decir que me siento mucho mejor. Se fue el televisor, la suscripción a la misma y está por irse el sillón, los libros de mi papá tuvieron que venir a recogerlos, se fue la mitad de las cosas de la cocina, se fueron decoraciones y carajadas varias, también los pericos y esta semana se van los peces.
Todo hubiera terminado allí sino se hubiera presentado un efecto dominó en lo que estaba haciendo, comencé a borrar números de teléfono, cosas a las que estaba muy apegada y por fin deje ir, y comencé a sentir la necesidad nuevamente de viajar. Toda mi lógica se resumía a lo siguiente: de irme, que me llevaría?
Ahora vuelvo a pensar en Angkor Wat, en los templos japoneses que alguna vez realice, los lugares sagrados de la India, y los sitios arqueológicos más importantes. Desde luego museos y galerías, Toda esa historia de arte que quiero “vivir” y no solo estudiar a partir de mis libros.
Todo se derrumba pero esta vez sabe diferente. Sabe a otros idiomas, sabe a la incertidumbre de no saber dónde dormirás esa noche. Sabe a otro viento con otros olores, sabe a camino de piedra y de cemento. Quizás ahora sí estoy lista. Ya he vivido muchas cosas, han de servirme para poder moverme libremente. Quiero dejarme llevar por la Vida como uno de esos globos que se escapan de la muñeca a un niño en el parque de diversiones, perderme de vista y ver al mundo desde otra perspectiva diferente.