Si partimos del hecho que los altos ideales no se consiguen con ruines m茅todos, entonces podr铆amos decir, que la invasi贸n a la privacidad no se justifica sin importar las razones que tengamos para ello.
Algunos olvidan que la violaci贸n a la intimidad y privacidad de la pareja se castiga hasta con 3 a帽os de c谩rcel. Algunos consideran la invasi贸n como un derecho ganado por un v铆nculo matrimonial. Pero est谩n equivocados. La invasi贸n, aun a su propia pareja no es m谩s que eso… un acto ilegal. Muchos tendr谩n como defensa las infidelidades, los silencios o el desconocimiento del ser con quien se convive. Y en otros casos solo ser谩 la clara muestra de una mente insegura que caza fantasmas hasta con su propia sombra.
Sin importar las razones para llegar a la violaci贸n de la privacidad, sigue siendo un ruin m茅todo que solo deja ver en quien lo hace, la falta de moral, honestidad y claramente sus acciones hablan m谩s de ellos que de sus parejas. Aun as铆, tenemos que soportar que revisen nuestros mensajes de texto, llamadas, Facebook y otros medios de comunicaci贸n en un intento por descubrir o encontrar aquello que desean ver… algo que les deje ver lo “ruines que son los dem谩s”, pero quien invade… sin duda no lo es.
La invasi贸n a mi privacidad duro 5 a帽os. Y algunos se preguntar谩n la raz贸n por la que duro tanto… la respuesta es simple. La invasi贸n se tom贸 como un DERECHO que nadie concedi贸. No hubo un mutuo acuerdo para ello, simplemente se hizo. Y ¿c贸mo decir que no si el exigir respeto levantaba dudas? Tuve que soportarlo. Con el tiempo llego a ser hasta descarado. Revisaba mi celular en frente de m铆. Y aunque nunca lo vi leyendo mis bit谩coras, s茅 que hurtaba mis textos. De esa manera supo cosas que no estaba dispuesta a compartir con nadie m谩s. La esencia de mis jardines secretos. Aquella parte de m铆 que como ser humano tengo derecho, incluso como parte de una inteligencia emocional saludable.
A帽os despu茅s y luego de vivir esta situaci贸n que desde mi punto de vista fue el primer paso para el fin de la relaci贸n, y si en alg煤n momento existi贸 la posibilidad de arreglar los errores con ayuda profesional… ese tipo de acciones cierran la puerta ya que ataca de frente la confianza. Y la confianza perdida NO SE RECUPERA. Ese es el sentido de mis palabras sobre la fidelidad, cuando hablo de: “miradas que tienen mucho que esconder, palabras llenas de sinsabor, caricias que intentan tan solo distraer para que las dudas se dispersen en el vac铆o de la habitaci贸n y colocan el enojo como el sistema de defensa ante los cuestionamientos, las dudas… y las preguntas sin respuesta.”
Recuerdo la sensaci贸n al verlo a los ojos aun conociendo lo que hac铆a, y luego preguntarme: “¿C贸mo hace para mirarme a los ojos?” Es una respuesta que no tengo a煤n. ¿C贸mo puede dormir conmigo y decirme que me quiere o me ama cuando me invade y viola mis derechos a la privacidad e intimidad como ser humano? Eso no es Amor.
Es indispensable que cada persona tenga sus jardines secretos. Tener la oportunidad de enriquecer su interior con aquello que solo es visible ante sus ojos. Un lugar de silencios o cantos desafinados, de cartas sin enviar, amores plat贸nicos que no hacen da帽o a nadie. Desde mi punto de vista me resulta irresistible saber que hay jardines en aquel al que miro a los ojos. Jardines que nunca ver茅, pero de una forma u otra se revelan en sus acciones. Es como escuchar a los delfines hablar entre s铆 y maravillarte de su lenguaje, aunque no entiendas ni uno solo de sus sonidos. Es como escuchar los arboles conversar entre ellos, no es igual a cuando nos susurran al o铆do. Es distinto.
¿Acaso tener pareja es sin贸nimo de absorberlo hasta hacerlo desaparecer como individuo? Es asfixiante. Lo viv铆 y me ahogu茅. Llega un punto en el que no soportas m谩s la invasi贸n y solo deseas huir, correr, alejarte lo m谩s lejos posible, como si intentaras soltarte de los tent谩culos de un pulpo gigante. Llega un punto en el que el “invadido” EXPLOTA.
Es necesario un equilibrio. Todos necesitamos que nos permitan ser, a煤n en nuestra soledad. Si queremos invitar a ver los jardines, no es para que se queden requisando cada rinc贸n. Es solo para que sepan de su existencia y nos permitan estar solos de nuevo. Los jardines secretos deber铆an ser lugares que defendamos incluso a costa de nuestras vidas, los propios y los de aquellos a quienes amamos. El principio del Amor es el respeto. Respeto a nuestras soledades, nuestros secretos, la intimidad de cada ser humano como un derecho fundamental, el DERECHO A LA PRIVACIDAD.
Los jardines secretos son inviolables. No existe raz贸n v谩lida alguna para permitirlo o hacerlo. Eso no es Amor. Y es triste, pero aunque sea ilegal, es una pr谩ctica socialmente aceptada, siempre justificada. Y s铆, claro… los ruines m茅todos justifican los altos ideales, la 茅tica y la moral (aunque esta sea una doble moral).
La invasi贸n pertenece al rojo mundo… a los hombres grises. Y por esa raz贸n no tiene un lugar en mi vida.
